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M3La historia de las religiones y sus textos3 min de lectura

Cómo cambiaron la Torá y el Evangelio a la luz de la crítica textual

Una lectura de los cambios en el Antiguo y el Nuevo Testamento, apoyada en los manuscritos y en las admisiones de los propios estudiosos occidentales.

El estudio de la historia de las escrituras anteriores mediante la crítica textual e histórica descubre hechos documentados en las propias fuentes teológicas occidentales, que muestran que los libros de la Torá y el Evangelio fueron alterados a lo largo de los siglos.

Este artículo expone pruebas textuales directas del Antiguo y del Nuevo Testamento, y de los escritos de destacados teólogos e historiadores de la Iglesia, para mostrar cómo la intervención humana y la ruptura de las cadenas de transmisión produjeron lo que estos textos contienen hoy.

La Torá y las pruebas de la crítica textual

La erudición crítica moderna sostiene que la Torá no fue escrita por Moisés en su forma actual, sino que es fruto de la compilación y edición de varias fuentes a lo largo de siglos: lo que se conoce como hipótesis documentaria.

Entre los libros del Antiguo Testamento aparece un desacuerdo numérico abierto: Segundo de Samuel (24:13) da siete años de hambre, mientras Primero de Crónicas (21:12) da tres para el mismo episodio. Una divergencia semejante se repite en el número de jinetes.

A ello las fuentes históricas añaden la ruptura de la transmisión tras el exilio babilónico del 586 a. C. y lo que se atribuye al sacerdote Esdras de reunir de nuevo los libros décadas después.

Los Evangelios y sus manuscritos

Los principales críticos textuales de Occidente reconocen que los manuscritos griegos de los Evangelios contienen miles de variantes y añadidos introducidos por los copistas en siglos posteriores.

El caso más conocido es la Coma Joánica en la Primera Epístola de Juan (5:7–8), el texto en que largamente se apoyó la Trinidad. Los estudiosos coinciden en que es una inserción latina tardía, ausente de los manuscritos griegos más antiguos, y por ello se ha suprimido de las traducciones críticas modernas.

Las notas críticas de las ediciones contemporáneas confirman que el relato de la mujer adúltera en Juan (7:53 – 8:11) y el final de Marcos (16:9–20) faltan en los manuscritos más antiguos, como el Sinaítico y el Vaticano.

Discrepancias entre los Evangelios

Los cuatro Evangelios presentan un desacuerdo histórico y textual abierto. La genealogía de José en Mateo (1:1–16) pasa por Salomón en veintiséis generaciones; en Lucas (3:23–38) pasa por Natán en cuarenta y una.

Los Evangelios difieren también en las últimas palabras atribuidas a Cristo en la cruz: en Mateo y Marcos un grito de abandono, en Lucas la entrega del espíritu, en Juan una palabra de consumación. Las tres no caben en una misma escena.

Autoría anónima y pérdida de la lengua original

La erudición histórica occidental sostiene que los cuatro Evangelios se escribieron en origen sin nombres de autor, y que los nombres de Mateo, Marcos, Lucas y Juan les fueron adjudicados en el siglo II.

A ello se añade que Jesús habló arameo, mientras que los Evangelios del Nuevo Testamento se pusieron por escrito en griego décadas después. Del texto en la lengua que él habló no nos ha llegado nada.

Conclusión

Las pruebas manuscritas y el trabajo de la crítica textual convergen en un reconocimiento académico y teológico de que el cambio y la discrepancia entraron en los libros de ambos Testamentos. Esto, a ojos del musulmán, deja clara la necesidad de una escritura guardada por preservación divina y libre de tales defectos: el Corán.

Fuentes
  • Tafsīr Ibn Kathīr
  • Al-Bidāyah wa-al-Nihāyah
  • Iẓhār al-Ḥaqq
  • Al-Jawāb al-Ṣaḥīḥ