Los Bellos Nombres de Dios: su realidad, su número y su significado
Qué son los Bellos Nombres, por qué no se limitan a noventa y nueve y por qué a Dios sólo se le nombra con aquello con que Él se nombró a Sí mismo.
Los Bellos Nombres son los nombres propios y las descripciones con que Dios se ha nombrado a Sí mismo. Creer en ellos y conocer su significado es un fundamento del credo del musulmán, y sobre ellos descansan su súplica y su adoración.
Los sabios del islam los reunieron del Corán y la sunnah, expusieron sus significados y resolvieron dos cuestiones en las que el error ha sido frecuente: cuántos son y de dónde se toman.
A qué apuntan los Nombres: nombre propio y atributo de perfección a la vez
Un nombre de Dios se distingue por significar dos cosas a la vez: la Esencia y un atributo de perfección que le es propio, sin deficiencia alguna. El Omnisciente apunta a la Esencia y afirma un conocimiento que todo lo abarca; el Misericordioso apunta a la Esencia y afirma una misericordia vasta. Esto es lo que separa un nombre de un mero título.
Dios ha ordenado a Sus siervos invocarlo por ellos —sura al-Aʿrāf, aleya 180—. Invocarlo así es de dos clases: la súplica de petición, en la que se pide una necesidad por el nombre que le corresponde, y la súplica de adoración, en la que se alaba a Dios conforme a lo que el nombre entraña.
El número: por qué no se limitan a noventa y nueve
Muchos suponen que los Nombres de Dios se limitan a noventa y nueve, apoyándose en un hadiz de las dos colecciones auténticas según el cual Dios tiene noventa y nueve nombres, cien menos uno, y quien los abarca entra en el Jardín. Lo que los sabios establecieron es que el hadiz no los limita: dice que quien abarca ese número determinado tiene el Jardín, y señalar la recompensa de un número no niega lo que hay más allá.
Entre las pruebas más claras está una súplica transmitida del Profeta en la que pide a su Señor por todo Nombre que es Suyo: aquel con que se nombró a Sí mismo, o hizo descender en Su Libro, o enseñó a alguna de Sus criaturas, o se reservó en el conocimiento de lo oculto. Esto establece que Dios tiene Nombres que no ha revelado a nadie, y lo así velado no cae bajo cuenta alguna.
De dónde se toman: a Dios sólo se le nombra con aquello con que Él se nombró
La posición de la gran mayoría de los sabios sunníes es que los Nombres se fundan en la revelación: no se aplica a Dios nombre alguno salvo el que consta en el Corán o en la sunnah auténtica. La razón no puede derivar por sí un nombre para Dios, por acertado que parezca su significado, pues el nombre es una noticia sobre lo oculto, y en ello no cabe el juicio propio.
Por eso lo que se predica de Dios es más amplio que aquello con que se le nombra. Es correcto decir que Él es existente y preeterno, como noticia de una verdad establecida; no es correcto tomar «el Existente» y «el Preeterno» como nombres Suyos, pues no se revelaron como tales. Confundir ambos ámbitos es la fuente de la mayoría de los nombres atribuidos a Dios sin fundamento.
El efecto de conocerlos: de la memorización a la acción
Abarcar los Nombres no es memorizar palabras, sino entender su significado y obrar conforme a lo que exigen. Quien sabe que Él es el Proveedor se apega sólo a Él al buscar su sustento; quien sabe que Él es el que todo lo Oye y todo lo Ve lo tiene presente en lo secreto igual que en lo público.
El fruto de esto se ve en la rectitud de la conducta y en la confianza. El conocimiento de los Nombres y atributos engendra temor reverente, amor y esperanza: las obras del corazón sobre las que descansan la servidumbre y la purificación del alma.
Conclusión
Creer en los Bellos Nombres y conocer su significado es una puerta a venerar a Dios y amarlo. Y aunque hay mérito en abarcar los noventa y nueve, Sus Nombres y perfecciones no los ciñe cuenta ni los abarca límite: en ello se muestra cuán incapaz es lo creado de alcanzar la verdad de Su majestad.
- Majmūʿ al-Fatāwā
- Sharḥ al-Ṭaḥāwiyyah